lunes, 27 de septiembre de 2010

ENSEÑAR HISTORIA ES UN DESAFÍO....

REFLEXIONES DE UN DOCENTE SOBRE EL BICENTENARIO DE LA PATRIA Y SU ENSEÑANZA EN LA ESCUELA SECUNDARIA

Enseñar Historia en la escuela de nivel secundario, es una tarea apasionante, muy agradable y un desafío diario. Y seguramente debe serlo en otros niveles como el primario o superior. Pero yo me refiero a este porque es el que conozco, en él desarrollo mi tarea diaria y el proceso revolucionario de mayo, tema sobre el que deseo explayarme, lo desarrollo junto a adolescentes de 14 años, a los que explico y busco que descubran que la historia no es aburrida si como dice la Mafalda de Quino, que se la enseñe para adelante.

La historia no es aburrida si se la relaciona con el presente, esa frasecita que se escucha a menudo en algunos adultos “hay que dejar de mirar para atrás, hay que borrar el pasado y pensar en el futuro” no es saludable, la misma historia de nuestra país nos da muchas pistas para darnos cuenta de que hay que tener memoria, para lograr identidad, para saber quienes somos, para conocernos, para reconocernos, para no ser masa, para ser persona, para ser comunidad, para ser nación, para ser como un árbol con raíces profundas, adheridas a un subsuelo y que las tormentas de la vida no nos tumben. Hay que sentirse protagonistas de este presente, de esta ciudad en que vivimos, de este país. Hay que conocerlo, hay que descubrirlo, para poder amarlo y cuidarlo. Hay que gastar las manos en pos de este país, nuestro país, nuestra Argentina y la educación, la enseñanza de la historia es un buen recurso, es un buen ejercicio. Así se logrará pensar, crear un proyecto de país que nos incluya a todos.

A mis alumnos adolescentes les enseño que no hay una sola historia. No es que unos mientan y otros digan la verdad. No. Muchas veces las pasiones, los intereses diversos conducen a que se tergiverse u oculten los hechos del pasado. Presente y pasado deben verse con ojos de protagonista, como actores en potencia y uno “escribe” la historia con sus acciones y omisiones.

Y esa revolución de mayo de 1810 de hace 200 años no terminó el día 25, sino que continuó y continua hoy con nosotros que somos parte de este país que debe buscar su identidad en la historia, pero también en el presente no solo de Argentina, nuestra patria, sino también en el contexto latinoamericano y ver el futuro con optimismo, para ver que como protagonistas podemos pensar en el futuro que queremos alcanzar.

El desarrollo de contenidos relacionados con el proceso revolucionario de mayo de 1810 con alumnos de 2do año en el nivel secundario suele presentar todos los años características similares ya que al bucear en los saberes previos estos expresan lo siguiente “en esa fecha, nuestro país se independizó”. Ante esta respuesta suelo hacer un torbellino de ideas para arribar al concepto de revolución y luego conducirlos “a descubrir” si aquello fue o no una revolución, y en todo caso, cuales fueron los cambios, donde y como se efectuaron, quienes los protagonizaron, con que hechos se relaciona este proceso, y además deseo que descubran que la revolución no se dio únicamente el 25 sino que fue un proceso, con causas, consecuencias, conexiones con otros hechos, donde hubo marchas y contra marchas.

Revisamos las enseñanzas adquiridas en el nivel primario, lo que leían, registraban y dibujaban, recordamos los festejos de esta fiesta cívica en los actos escolares y siempre están presentes las mismas imágenes: las cadenas rotas, el cabildo, las palomas, la negrita lavandera, el caballero, el negrito velero y la dama antigua. Casi todos recuerdan emocionados estos hechos ya que tomaron parte en los actos escolares e interpretaron a algún personaje histórico.

Y lo más interesante es que los alumnos resignificando saberes, logran adquirir competencias, habilidades y reconocen que aquello fue una revolución con todas sus letras.

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